DR. SHURA MORENO
Una vida marcada por la fe, la resiliencia y el servicio
Nacido en San Salvador, El Salvador, el Dr. Shura Moreno creció sintiendo desde niño el peso de una nación en conflicto. A los 12 años emigró junto a su familia a Estados Unidos en busca de un nuevo comienzo. No fue fácil: tuvo que aprender un idioma desconocido y adaptarse a una cultura distinta. Sin embargo, en medio de esa adversidad, algo en su interior despertó: un propósito firme de construir un futuro con sentido y prosperidad.
Con una determinación inquebrantable, se graduó en la Universidad de California, Irvine, y más tarde se especializó en medicina interna en el Harbor-UCLA Medical Center. En 2012, hizo realidad uno de sus mayores sueños al fundar Gabriel Medical Center, un espacio concebido no solo para tratar enfermedades, sino para brindar consuelo, dignidad y humanidad a cada paciente.
“Quiero que mis pacientes sepan que siempre pueden contar conmigo, no solo como su médico, sino como su amigo y su apoyo”, afirma con convicción.
Con más de 22 años de trayectoria, el Dr. Moreno ha entregado su vida al cuidado de su comunidad en Los Ángeles, ganándose el respeto y el cariño de miles de pacientes que ven en él mucho más que un doctor.
Pero su mayor prueba aún estaba por llegar.
Durante la pandemia de COVID-19, mientras muchos se refugiaban en casa, él decidió permanecer en la primera línea, atendiendo pacientes en su clínica y en hospitales locales. Fue testigo del dolor de cientos de familias devastadas por el virus. Y aunque tomó todas las precauciones, el destino tenía otros planes.
Hombre saludable, ciclista apasionado y asiduo al gimnasio, el Dr. Moreno cayó enfermo una semana antes de Navidad. Pensó que bastaría con reposar, pero su cuerpo comenzó a rendirse. El 22 de diciembre —dos días antes de recibir su primera dosis de la vacuna de Pfizer— fue ingresado de urgencia en el mismo hospital donde tantas veces había salvado vidas. Su esposa Tatiana y su suegra, también enfermas, fueron hospitalizadas ese mismo día.
Mientras ellas lograron recuperarse, su estado empeoraba. Con fiebre de 105 grados y niveles críticos de oxígeno, fue entubado. El 16 de enero fue trasladado al UCLA Medical Center, donde pasó su cumpleaños número 55 en una cama de cuidados intensivos, rodeado de máquinas y de una pregunta que lo perseguía cada amanecer: ¿será este el último?
Tatiana solo podía comunicarse con él por videollamada. Día tras día trataba de transmitirle fortaleza, aunque ella misma apenas podía sostenerse emocionalmente. Su hijo Gabriel, de apenas 13 años, enfrentaba la ausencia de su padre con un silencio que dolía más que las palabras.
Durante casi cinco meses, el Dr. Moreno luchó entre la vida y la muerte. Fue entubado, conectado a un respirador y, finalmente, su única esperanza fue un trasplante doble de pulmón. “La pandemia elevó drásticamente la presión sobre la lista de espera de órganos”, recordaría un colega suyo.

Y, contra todo pronóstico, sobrevivió.
Gracias a su fe inquebrantable —resumida en su lema personal “Primero Dios, después la ciencia”—, al amor de su familia y al milagro de la medicina, el Dr. Moreno volvió a vivir. Regresó a su clínica con un espíritu renovado, más humano, más compasivo y más agradecido que nunca.
Hoy, además de ejercer su profesión con profunda vocación, disfruta de la música —toca percusión con pasión—, se sumerge en la lectura de libros devocionales y atesora cada momento junto a su esposa Tatiana y su hijo Gabriel.
La historia del Dr. Shura Moreno no es solo una historia de supervivencia, sino de fe, amor y entrega sin límites.
Porque cuando todo parecía perdido, eligió luchar.
Y venció.
